martes, 27 de abril de 2021

"Luna de miel en la Gendarmería - 1ra parte" (lectura: 2 min)


    Al día siguiente de nuestro casamiento, con mi esposa salimos rumbo a Mendoza, la "Tierra del sol y el buen vino". Después de viajar en bus toda la noche, llegamos a una pequeña localidad situada al pie de la cordillera de los Andes, cerca de uno de los pasos fronterizos que la Argentina tiene con Chile. Habíamos reservado una semana completa en un hotel del lugar donde disfrutar de nuestra luna de miel "como Dios manda".

A mitad de la estadía, decidimos buscar para hacer una excursión, así que fuimos al pequeño centro que tenía la localidad y visitamos las únicas dos o tres agencias de turismo que había. Nos gustó una excursión que se ofrecía en una de ellas y que preveía el avistaje del cerro Aconcagua (el más alto de toda américa), avistaje de cóndores y visita al puente del inca. Después de pagar, quedó todo listo para que al día siguiente bien temprano nos pasaran a buscar por el hotel.

Ese día amaneció bien despejado y fresco. Estábamos en la puerta del hotel cuando llegó el transporte. Conducía el vehículo y oficiaba de guía turística la misma señora que en la agencia nos había vendido la excursión. 

Mientras íbamos en ruta hacia el punto de avistaje del Aconcagua conocimos un poco a los otros pasajeros que nos acompañaban: al fondo del vehículo iban dos muchachos amigos, uno de los cuales era un israelí que había llegado hacía unos días de Israel para visitar a su amigo argentino. El israelí sólo hablaba hebreo, ni una papa de español. Pero como su amigo nos traducía, pudimos saber que le gustaban mucho los paisajes de nuestro país. También iba otra pareja de Buenos Aires con quienes nos saludamos pero hablamos muy poco. 


A mitad del trayecto, pasamos por un puesto de Gendarmería donde el gendarme de turno sólo saludó e hizo la seña de "siga, siga" para nuestro vehículo. Llegamos al punto de avistaje donde luego de una pequeña caminata accedimos al punto panorámico del Aconcagua. Había una vista magnífica. 

Luego de tomar fotos emprendimos el regreso por la misma ruta para visitar otro lugar llamado puente del inca. En el camino, pasamos nuevamente por el puesto de Gendarmería, pero esta vez el gendarme se puso en el medio del camino y con su mano hizo la señal de "PARE" a la conductora. Nada raro hasta ahí, control de rutina, pensamos, pero después de intercambiar algunas palabras entre el gendarme y la conductora, se le indicó que se estacionara en la banquina y detuviera el motor. 

Mientras hacía la maniobra, la conductora se dio vuelta hacia nosotros, nos miró fijo y nos dijo: Escuchen, somos todos familiares, ¿eh?. Ustedes son todos primos y yo soy una tía que los sacó a dar un paseo, ¿OK? Sorprendidos, nos miramos entre todos tratando de entender lo que estaba pasando... ¡Ni nos imaginábamos lo que nos esperaba!

(Continúa en la 2da Parte)

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