¡Camina igual que el padre! ¡El mismo cabello que la madre! ¡Los dedos del pie son los del padre! ¡La misma sonrisa de la madre!
¡El mismo color de ojos del padre!
La genética transmite rasgos inconfundibles de los padres a los hijos. Rasgos no sólo físicos, sino también en maneras de ser, permiten reconocer a los padres en los hijos.
Si de alguna manera pudiéramos describir el color de ojos de Dios, el de su cabello, su manera de hablar, o de caminar, nos daríamos cuenta que se vería reflejado en sus hijos.
Es el Espíritu Santo quien manifiesta la genética del Padre Celestial:
"El Espíritu Santo nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes y controlar nuestros malos deseos." (Gálatas 5:22-23 TLA)
Aunque no digamos quienes somos, si esta manera de ser se refleja en nosotros, los demás no tendrán dudas de que somos hijos de Dios.-
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Relatos de Vida - M.E.M.
