miércoles, 27 de enero de 2021

"La clase del esqueleto" (lectura: 2 min)

    Una broma de secundario

    Ocurrió durante un frío día de invierno en que cursaba el primer año del secundario. Junto a mis compañeros aprendíamos sobre los huesos del esqueleto humano. Para ilustrarnos, la profesora había traído un esqueleto de plástico articulado en tamaño natural. El esqueleto era desmontable y colgaba de un pequeño mástil que en su base tenía cuatro ruedas. 



No habían transcurrido muchos minutos desde el comienzo de la clase cuando desde preceptoría le avisaron a la profesora que tenía que ir a atender un llamado telefónico. Como en esa época aún no había celulares, la profesora se retiró por unos minutos no sin antes rogarnos que nos portáramos bien. Cuando la puerta se cerró, los cuarenta y cinco varones del curso nos quedamos solos en el aula con el esqueleto al frente. Los huecos de sus ojos parecían vigilarnos... 


En contados segundos las ideas empezaron a aflorar. Todo estaba más o menos bajo control hasta que uno de los chicos pasó al frente, sacó la calavera del esqueleto y se la puso encima de su cabeza. Luego estiró el cuello de su campera de manera que ocultara su cabeza y le colocó la capucha a la calavera. Por unos minutos nos morimos de risa con el “profesor calavera” paseándose entre los pupitres, pero después, nuestro compañero abrió la puerta y salió del aula al corredor.


Como en el pasillo no había nadie a quien sorprender, fue hasta la puerta del curso de al lado que tenía una ventana en su parte superior. Estaban en clase. El profesor enseñaba dando la espalda a la puerta. Luego de asegurarse que el profesor no lo viera, nuestro compañero comenzó a asomar la calavera encapuchada y a saludar con su mano.


Cuando el profesor comenzó a ver en sus alumnos las caras de sorpresa y risas se dio vuelta y miró hacia la puerta, pero nuestro compañero se escondió. El particular saludo se repitió un par de veces más en medio de las carcajadas de los chicos hasta que el profesor fue a abrir la puerta y descubrió la broma. 


Allí se terminó la clase del esqueleto, a lo que siguió una buena llamada de atención para todo nuestro curso y alguna que otra amonestación para el “profesor calavera”. En fin, no recuerdo bien si ese día aprendimos algo sobre el esqueleto humano pero... ¡cómo nos divertimos!


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Recordar nuestro tiempo de adolescencia nos ayuda a empatizar con nuestros propios hijos e hijas cuando transitan por la misma etapa. Una buena historia puede dar lugar a una buena charla.


Relatos de Vida <>< M.E.M.

jueves, 21 de enero de 2021

"¡Otra vez manzana!" (lectura: 1 min)

La merienda del recreo


    P
ara mi desilusión, mamá generalmente me daba una fruta, que podía ser una manzana, una banana o una mandarina, según la época del año...




Resignado, guardaba la manzana en el bolsillo de mi guardapolvo mientras pensaba que ese día, al sonar el timbre para el recreo, varios de mis compañeros correrían al quiosco a comprarse un alfajor o un pancho con una gaseosa.


¡Qué envidia que me daba! Más que eso, ¡que vergüenza me daba sacar mi fruta! En mi opinión, yo era un pobre chico al que los papás no le querían dar dinero. ¡Con cuánto gusto les hubiera cambiado a mis compañeros mi manzana por sus golosinas!


Con nueve o diez años yo no entendía mucho eso de comer saludable. Para mí se trataba de que era lo más rico, y en mi opinión cualquier cosa que vendiera el quiosco de la escuela era mejor que la fruta que yo había llevado. Confieso que un par de veces me comí la manzana escondido en el baño o la llevé de vuelta a casa... ¡Prefería no comer nada a “pasar vergüenza” ante mis compañeros! 


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De niños hay cosas que podemos ignorar, pero ya de grandes somos responsables de nuestras decisiones. En los recreos de la vida: ¿me estoy alimentando de vivencias y experiencias "chatarra" o "saludables"? Es importante, porque como con la comida, con el paso de los años cosecharemos el fruto de nuestras elecciones.


Relatos de Vida


"LA PAPA CALIENTE"

“LA PAPA CALIENTE” “Si a alguien algo le salió mal y aún así sonríe, es porque ya sabe a quién echarle la culpa” Escuché este comentario var...