La merienda del recreo
Para mi desilusión, mamá generalmente me daba una fruta, que podía ser una manzana, una banana o una mandarina, según la época del año...
Resignado, guardaba la manzana en el bolsillo de mi guardapolvo mientras pensaba que ese día, al sonar el timbre para el recreo, varios de mis compañeros correrían al quiosco a comprarse un alfajor o un pancho con una gaseosa.
¡Qué envidia que me daba! Más que eso, ¡que vergüenza me daba sacar mi fruta! En mi opinión, yo era un pobre chico al que los papás no le querían dar dinero. ¡Con cuánto gusto les hubiera cambiado a mis compañeros mi manzana por sus golosinas!
Con nueve o diez años yo no entendía mucho eso de comer saludable. Para mí se trataba de que era lo más rico, y en mi opinión cualquier cosa que vendiera el quiosco de la escuela era mejor que la fruta que yo había llevado. Confieso que un par de veces me comí la manzana escondido en el baño o la llevé de vuelta a casa... ¡Prefería no comer nada a “pasar vergüenza” ante mis compañeros!
De niños hay cosas que podemos ignorar, pero ya de grandes somos responsables de nuestras decisiones. En los recreos de la vida: ¿me estoy alimentando de vivencias y experiencias "chatarra" o "saludables"? Es importante, porque como con la comida, con el paso de los años cosecharemos el fruto de nuestras elecciones.
Relatos de Vida

Que linda analogía! Me encantó!!!
ResponderEliminar