El cabezón
Un sábado por la mañana fui con mis hijos pequeños al zoológico. Como era temprano, los cuidadores estaban limpiando las jaulas y alimentando a los animales. Mis hijos tenían una sola idea en mente: ver a los leones.
- ¡Cabezón! ¡Cabezón!... ¡Cabezón!
- ¿A quién le gritan? - me preguntó uno de mis hijos.
- No sé, ya vamos a ver - respondí yo también intrigado.
Cuando por fin llegamos al balcón de observación pudimos ver que dentro de un patio de tierra a cielo abierto con algunos troncos y un pequeño estanque, se encontraba un viejo león. Estaba echado entre la hierba tomando sol. Detrás de un portón con gruesas rejas de hierro, el cuidador llamaba al animal para que entrara en una pequeña jaula anexa donde lo encerraría. Luego podría entrar a limpiar el patio.
A pesar de los incesantes llamados, el león se hizo el desentendido por varios minutos. No sé si porque no le gustaba que le dijeran cabezón o porque no quería molestarse en levantarse. El tipo siguió gritando hasta que por fin a la bestia se le dio la gana y con toda tranquilidad se incorporó, caminó lentamente e ingresó por la puerta abierta de la jaula.
El cuidador bajó un portón de reja tras el león, abrió su propio portón y comenzó a limpiar el patio. Se podía ver como el león lo observaba atento. El hombre baldeó el patio, juntó algunos desperdicios y dejó varios huesos enormes con carne en el suelo. En eso que todos observábamos en silencio, el león lanzó un feroz rugido que retumbó en su jaula y nos dejó a todos paralizados.
Miramos al cuidador. El hombre seguía limpiando tranquilo como si sacudiera los trapos de la cucha de un caniche.
- ¡Ya va cabezón! - le gritó sin siquiera mirarlo.
- ¿Porqué le dice cabezón al león? - preguntó mi hijo menor sin quitar los ojos de la escena - No creo que al león le guste - añadió. Es que encontraba poco digno ese sobrenombre para el rey de los animales.
Yo estaba a punto de responder argumentando sobre el tamaño del cráneo del felino cuando mi hijo mayor se me adelantó y le respondió:
- Porque el león está encerrado. Si no, seguro que le salta encima y se lo come.
No dije nada. Tenía razón. Los chicos la ven más simple que los adultos.-
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Invierte en pasar tiempo con los hijos que Dios te dio, sobre todo cuando aún viven en tu casa. ¿Acaso imaginas una mejor inversión?
Relatos de Vida <>< M.E.M.

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