En aquel entonces yo transitaba mi adolescencia y con mi familia nos encontrábamos en algún lugar perdido de la inmensa Patagonia. Habíamos encontrado en la ruta un camping agreste que no tenía luz eléctrica, y si bien en el sur del continente durante las noches de verano el resplandor de la luz del sol puede iluminar hasta diez de la noche o más, cuando desaparecía del todo, el lugar quedaba inundado por una completa oscuridad.
Para mis hermanos y yo aquello era todo una aventura. Acostumbrados a la luz eléctrica de la ciudad, la única luz que nos quedaba cuando ya había caído la noche era la de una linterna que teníamos. Recuerdo que a veces peleábamos por usarla y tratar de iluminar algún árbol, otras carpas, o simplemente dirigir el haz de luz al cielo... (¿alguna vez también lo hicieron?). Después de cenar, iniciábamos los preparativos que consistían en ir por turnos al baño para lavarnos los dientes y luego volver a la carpa para acostarnos. ¡Dormíamos completamente vestidos para no pasar frío!
El cuerpo de baños de este camping era bastante rústico: se ingresaba a un pequeño salón que tenía unos cuatro o cinco excusados individuales separados por finas paredes de madera y una puerta con pasador para asegurar la privacidad. ¡Pero no había inodoros! Para sentarse había una tabla gruesa con un agujero en el centro... Mirando el lugar con ojos de niño, se imaginan que lo primero que hacíamos era mirar dentro del agujero. No se veía nada... estaba muy oscuro dentro. Solo que cuando nosotros o alguien más (porque los agujeros estaban comunicados) hacíamos nuestras necesidades algo se escuchaba caer abajo al fondo... Como nuestra imaginación volaba, llamamos a estos agujeros los "agujeros del más allá".
Una noche, al tocarle ir al baño a mi hermano que tendría entre 8 y 10 años, cedió a la curiosidad por ver qué habría dentro del "agujero del más allá". Así que tomó la linterna y dirigió el haz de luz hacia el fondo del agujero... Según nos contó después (nosotros no podíamos parar de reírnos de sólo imaginar la situación), más abajo sólo se veía algo de agua y algunos papeles flotando... pero no contento con eso y tratando de ver si había algo más, metió su mano un poco más dentro del agujero y comenzó a enfocar la linterna hacia todos los costados... ¡¿Se imaginan la sorpresa de las otras personas que en ese momento estaban en los otros excusados al ver que sus agujeros oscuros se iluminaban con un haz de luz?! ¡Lo que habrán pensado!!! :)
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La curiosidad normal e inocente que de niños podemos tener por saber qué hay dentro de un agujero oscuro, de grandes puede transformarse en algo más serio y no tan gracioso. Hay cosas que en esta vida pueden constituir para nosotros un agujero oscuro... que están más allá de nuestro entendimiento o comprensión. Pueden ser cosas de nuestro pasado, presente o futuro. ¿Qué luz o linterna podría ayudarnos para iluminar e intentar entender de qué se trata nuestra vida en este mundo? Gracias a Dios, hace 2000 años Jesús dijo "Yo soy la luz del mundo, el que en mí cree no andará en tinieblas" (Juan 8:12)
Relatos de Vida - M.E.M.

Wow que feliz que eras con tus padres y hermanos!! Ojalá algún día también puedas serlo con tus hijos!
ResponderEliminarHermoso recuerdo y reflexión.
ResponderEliminarGenial Marce! Creeme que al leer fui imaginando la situación jajaja!! Gracias por compartirlo!
ResponderEliminarHermoso! Y que reflexión nos traés al final
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