martes, 4 de mayo de 2021

"Luna de miel en la Gendarmería - 2da parte" (lectura: 3 min)

    Mientras hacía la maniobra, la conductora se dio vuelta hacia nosotros, nos miró fijo y nos dijo: Escuchen, somos todos familiares, ¿eh? Ustedes son todos primos y yo soy una tía que los sacó a dar un paseo, ¿OK? Sorprendidos, nos miramos entre todos tratando de entender lo que estaba pasando... ni nos imaginábamos lo que nos esperaba!

Detuvo el motor, agarró su cartera y se bajó del vehículo para dirigirse a la casilla de control. Se hizo un verdadero silencio de montaña dentro de esa combi. Nadie se animaba a hablar... sólo pensábamos. Por la puerta del costado apareció un gendarme que nos comenzó a preguntar nuestros nombres, de dónde éramos y a pedirnos nuestros documentos. El pobre israelí se había puesto nervioso porque no entendía qué estaba pasando y encima había olvidado su pasaporte en el hotel. Después de escuchar nuestras respuestas, el gendarme se volvió a ir.

En voz baja mi esposa me preguntó qué iba a pasar y yo le respondí que no tenía idea. Pero de algo estaba seguro: si me preguntaban, yo no iba a mentir... ¡El israelí no era primo mío! Al minuto regresó la conductora al vehículo. Yo pensé que ya se había arreglado todo y que podríamos continuar la marcha pero me equivocaba. 

El gendarme volvió a aparecer por la puerta del costado. Después de mirarnos a todos se dirigió a mí y me dijo: Ud. señor, acompáñeme, por favor. Perplejo, miré a mi esposa y me apuré a bajar para seguir al oficial. Se pueden imaginar las mil cosas que me pasaron por la cabeza en los pocos metros que separaban nuestra combi del puesto de control. Me hizo pasar a una pequeña salita donde había otro uniformado más y me senté junto a una pequeña mesa de madera que tenía unos diarios abiertos.

- ¿Ustedes no son parientes entre ustedes, cierto? - me disparó a quemarropa y muy serio la primera pregunta. 

- No, le dije. Con mi esposa estamos de luna de miel y contratamos esta excursión. El gendarme se relajó un poco y me dijo: 

- Claro, sería muy raro que en esa combi todos sean parientes... ¡encima hay un extranjero que ni tiene documentos! ¿Vos lo conocés? - ya me empezó a tutear.

- No, lo conocí cuando nos presentamos hace un rato. 

- ¿Y dónde compraste esta excursión? - continuó. Le expliqué que en una de las agencias de turismo del pueblo. 

Me dejaron solo en la salita por varios minutos mientras hacían llamadas. Para no aburrirme aproveché de leer los titulares de los diarios que había sobre la mesa. Finalmente el oficial volvió y me dijo: 

- Mirá, con ustedes está todo bien, lamentamos arruinarles su día de excursión de esta manera, pero es que esta mujer no tiene autorización para hacer viajes de turismo. 

- No lo sabíamos, le interrumpí. El oficial prosiguió: 

- Ya nos ha hecho lo mismo varias veces, pero esta es la última. Vamos a dejar que siga sólo para que ustedes puedan volver a sus hoteles. Eso fue todo. Antes de permitirme volver, me pidió disculpas por el mal rato que me habían hecho pasar, me devolvió el documento y me acompañó hasta el vehículo.

Me subí a la combi y el gendarme le volvió a pedir a la mujer que fuera al puesto de control. Las preguntas de mi esposa y de los otros compañeros de excursión no se hicieron esperar. ¿Qué te preguntaron? ¿Y qué les dijiste? La verdad, les respondí. Pero creo que nos van a dejar seguir. 

La mujer volvió y subió al vehículo visiblemente nerviosa y enojada. Se dio vuelta y me recriminó: 

- ¿Porqué no les dijiste lo que habíamos acordado? 

- Primero que no había acordado nada, le respondí. Y agregué: Además yo no acostumbro mentir, señora. 

Arrancó el vehículo de mal humor y retomamos el camino. Su actitud era difícil de comprender: nos había engañado a todos vendiéndonos una excursión para la que no estaba autorizada, nos había arruinado el paseo de ese día... ¿y todavía se enojaba porque no habíamos mentido para cubrirla? Lamentablemente no escuchamos ningún pedido de disculpas de su parte.


Con el paso de los kilómetros se fue bajando la tensión y al divisar unos cóndores que sobrevolaban cerca nuestro todos nos relajamos, así que para cuando llegamos a la puerta del hotel, ya todo estaba bien. 

¡Con mi esposa nunca nos olvidamos que la Gendarmería dejó su impronta en nuestra luna de miel!

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En todo se puede aprender algo... Una mentira nunca se puede cubrir con una verdad. Una mentira sólo se puede cubrir con otra mentira. Y aunque alguien podrá decir que una mentira "te puede sacar del paso", vivir mintiendo nos termina esclavizando porque sabemos que en algún momento la verdad saldrá a luz. Eso no es vida. Como dijo el Maestro de maestros: "Sólo la verdad nos hace libres".

Relatos de Vida

1 comentario:

  1. Que nervios y tensión deben haber pasado...
    Pero realmente aunque parezca que todo se viene a pique, con la verdad se va a parar a buen puerto...
    Gracias Marcelo por compartir esta experiencia!!!

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