Una mudanza misteriosa
Promediaba el año 2006 y había concluido nuestro contrato laboral en el extranjero. Como parte de los preparativos para volver al país contratamos una empresa de mudanzas que embaló y guardó nuestras cosas en un pequeño container. Nuestras cosas viajarían por barco hasta el puerto de Buenos Aires y desde allí en camión hasta la ciudad de Córdoba. Nos prometieron que todo llegaría bien. Pocos días después de eso tomamos el avión que nos trajo de vuelta a la Argentina.
Pasaron un par de semanas y la empresa de mudanzas nos contactó para avisarnos que el barco había llegado al puerto. Me solicitaron enviarles mi pasaporte para poder hacer aduana. En los próximos días, nos dijeron, realizarían el tramo final en camión hasta nuestro domicilio.
El día que se fijó para la llegada de nuestras cosas a casa yo tenía que trabajar, así que serían mi esposa y mi suegra (que había venido esos días a casa para ayudarnos a instalarnos) quienes recibirían el envío. La verdad que estaba un poco ansioso esperando el llamado que me confirmara que todo había llegado bien. Cerca del mediodía el teléfono finalmente sonó y al atender, noté un ligero tono de preocupación en su voz de mi mujer. Me contó que el chofer del camión había llegado caminando hasta casa para confirmar el domicilio. Hasta ahí todo bien, pero el problema era que hacía más de dos horas que el hombre no volvía con el camión que, según había dicho, había dejado estacionado a la vuelta de casa.
Me comuniqué con la empresa de mudanzas y les conté lo sucedido. Ellos entonces intentaron comunicarse por celular con su chofer pero no tuvieron éxito. Me dijeron entonces que enviarían de inmediato otra persona.
Cuando esa tarde regresé a casa, encontré que todas nuestras cosas ya se habían descargado del container, se habían desembalado y armado. Todo estaba perfecto. Ni un rasguño. La otra persona que la empresa había enviado había hecho el trabajo. Pero del chofer... ni noticias. Lo raro es que la segunda persona efectivamente había encontrado el camión a la vuelta de casa... ¡con la puerta abierta y el motor en marcha! Dentro de la cabina estaba la billetera y el celular del chofer. Sólo faltaba mi pasaporte.
Pasaron las horas y se hizo de noche. Se buscó al chofer en las proximidades por las dudas se hubiera quedado comiendo en algún lugar, pero nada. Se llamó a la policía para saber si ellos lo tenían detenido, pero tampoco. Con la ayuda de la policía se llamó a los principales centros de salud de la ciudad, pero nadie tenía en sus registros una persona con el nombre ni con las características del chofer.
La empresa finalmente hizo la denuncia de desaparición de persona. Vino la policía. Precintaron el camión y dejaron una patrulla en custodia. Por lo extraño del caso, no tardaron en venir los noticieros de la ciudad; los periodistas que se veían en la tele tocaron a la puerta de mi casa para hacernos entrevistas. ¡Mis nuevos vecinos del barrio estaban escandalizados! Al día siguiente salió una nota sobre el caso en la página de policiales del principal diario de la ciudad hablando de secuestro... ¡y pensar que nosotros queríamos instalarnos en el barrio sin llamar mucho la atención!
Luego de varios días y cuando ya se había calmado un poco la cosa, fuimos a la comisaría donde yo había radicado la denuncia del robo de mi pasaporte para solicitar una constancia. El policía que nos atendió, cuando ya nos íbamos nos preguntó: ¿ustedes sabían que apareció el chofer del camión, cierto?
Sorprendidos, le dijimos que no sabíamos nada. Entonces nos contó: sí, apareció en Buenos Aires. La declaración que hizo el hombre fue que después de confirmar el domicilio y al volver para buscar su camión, unos sujetos lo secuestraron y lo metieron en el baúl de un auto. Así lo llevaron hasta algún lugar en Buenos Aires donde lo ataron y encerraron en una habitación. Una noche, cuando sus secuestradores se habían emborrachado, les pidió un vaso con agua. En cuanto lo dejaron solo, rompió el vaso y con los vidrios cortó las ataduras que le habían hecho. Luego se pudo fugar por una ventana y terminó presentándose en una comisaría donde pidió ayuda y contó su historia...
La verdad que parecía que el tipo nos había contado el guion de alguna película. Le preguntamos si él creía que esa historia fuera verídica. El policía nos dijo que había escuchado la versión de boca del propio fiscal del caso que hacía tiempo tenía abierta una investigación sobre algunas irregularidades detectadas en traslados desde el puerto al interior del país. Nos fuimos de la comisaría sin poder creer lo que habíamos escuchado, pero a la vez aliviados de que todo hubiera terminado bien.
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Muchas veces en la vida las cosas no suceden como planeamos o deseamos... pero es en esas ocasiones cuando más nos sorprendemos con las diferentes maneras en las que Dios nos cuida.
Relatos de Vida

Parece una película!!! Increíble historia y hermosa reflexion.
ResponderEliminarY ustedes que querían que no se notará su llegada al barrio jajaja!!