La generosidad.
Garantizada al mejor plazo por el banco del Cielo. (2 Cor.9:6)
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Relatos de Vida - M.E.M.
La generosidad.
Garantizada al mejor plazo por el banco del Cielo. (2 Cor.9:6)
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"Viaje a lo Inesperado" se llamaba un programa de televisión que se transmitía todos los sábados a las 22hs. En general pasaban películas de terror. A mis once o doce años era toda una curiosidad: quería verlo y a la vez no. De todos modos, nunca había tenido la oportunidad porque el programa estaba dentro del horario de "protección al menor". A esa hora me tenía que ir a dormir.
Pero un fin de semana fui a la casa de mis primos que tenían más o menos mi misma edad. Juntos hicimos planes para ver "Viaje a lo Inesperado". Mis tíos accedieron porque les dijimos que ya éramos grandes y valientes, y además, como dormiríamos todos juntos en la misma habitación, nadie tendría miedo.
El sábado por la tarde, desbordados por la emoción de la expectativa, procedimos a preparar el dormitorio. Mi tío trajo el televisor y lo colocó arriba de un escritorio. De frente al aparato y contra la pared que usaríamos como respaldo, pusimos las almohadas. Bajamos algunas frazadas de arriba de un ropero "por si nos hacía frío", pero en realidad eran para cubrirnos y taparnos los ojos en caso de que el terror sobrepasaba nuestros límites infantiles.
Durante los preparativos, nos turnábamos para relatar tramos de películas de terror que habíamos visto, o más bien, que nos habían contado, y lo que era más posible, que inventábamos en ese momento. Para cuando nos llamaron a cenar, ya teníamos todo listo.
Luego de cenar, con los pijamas puestos y lavados los dientes, nos fuimos al dormitorio y encendimos el televisor unos quince minutos antes de las 22hs. Ocupamos nuestros lugares temblando de la expectativa.
- ¡Tal vez pasen esa del asesino con máscara...! - dijo mi primo más chico
- No, ¡mejor que pasen esa de las hormigas asesinas! - dije yo
- ¡Bah!, esas no dan nada de miedo, ¡mejor que pasen una de Drácula! - dijo mi primo más grande
Después de algunas propagandas, por fin apareció en la pantalla la placa de "Viaje a lo Inesperado". Contuvimos la respiración. Justo en ese momento a mi tío se le ocurrió entrar para acomodar la cortina de la ventana (la excusa para controlar lo que íbamos a ver). Mis primos le rogaron que se fuera y nos dejara solos. No queríamos ninguna interrupción, ninguna distracción, queríamos absorber hasta la última gota de terror posible.
Al fin comenzó la película. Esperábamos una escena oscura y acompañada de música tétrica, pero en lugar de eso arrancó con una escena a plena luz del día y música alegre. Desilusionados, todavía nos aferrábamos a nuestras esperanzas de que pronto ocurriera algo espantoso, pero cuando apareció el título de la película en la pantalla, la desilusión fue total. Como por arte de magia, mi tío salió de la habitación.
Yo no sé si esa noche el tipo que elegía las películas de terror para el programa no se sentía bien y no fue a trabajar, pero la cuestión es que pasaron una película que no tenía nada de terror, ni de inesperado, y encima, aburrida. Ni siquiera la terminamos de ver. Resignados, apagamos el televisor.
- ¿Y cómo era esa peli de las hormigas asesinas? - preguntó uno de mis primos mientras nos metíamos en nuestras camas.
- Apaguen la luz del velador y les cuento - respondí
Y así, en la oscuridad de la habitación, nos desquitamos contando historias de terror hasta que el sueño nos ganó... ¡la pasamos muchísimo mejor!
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Relatos de Vida - M.E.M.
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Dios y el Cielo te siguen.
Y con genuino amor y sincero interés por tu vida.
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Habíamos decidido viajar en nuestro primer auto cero km a San Carlos de Bariloche, magnífica ciudad al pie de los Andes. Teníamos dos rutas posibles: la más rápida era una que atravesaba la Pampa, con largos trayectos llanos y bastante aburridos; la otra, más lenta pero entretenida y con magníficos paisajes de la cordillera, era la famosa ruta 40. Nos decidimos por esta última. ¡Queríamos un poco de aventura!
La mañana del día siguiente se presentó nublada. Durante el desayuno nos informaron que el puente seguía bloqueado y sin perspectivas de ser habilitado. Nos empezamos a preocupar. ¿Qué iba a pasar ahora con nuestro itinerario? Después de averiguar, nuestras opciones eran esperar allí un par de días, o bien tomar un desvío por un camino interior de tierra en bastante mal estado. En el pasado este "bypass" había pertenecido a una empresa minera y no aparecía en el mapa, pero los lugareños nos aseguraron que más adelante salía a la ruta 40.
Resignado, miré nuestro auto nuevo a través de la ventana. Después de conversarlo con mi esposa y encomendarnos al Creador, decidimos tomar el desvío. Ya en los primeros kilómetros nos dimos cuenta que el camino era para vehículos "todo terreno", no como el nuestro... Había sectores con serruchos que despegarían la mejor corona dental, tierra que parecía talco y baches para estacionar el auto adentro. La frutilla del postre fue atravesar el río en una balsa rudimentaria, operada por un tipo que se concentraba más en fumar su cigarrillo que en guiar la embarcación.
Gracias a Dios al final retornamos a la ruta 40, sanos y salvos, aunque con más tierra que una maceta. ¿El auto? Aguantó bastante bien, sólo se le rajó un espejo. Un día después llegamos a Bariloche donde pudimos disfrutar de una estadía inolvidable. Eso sí, cuando llegó el momento de regresar, sin dudar tomamos la ruta aburrida...
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Relatos de Vida - M.E.M.
Él ya te buscó y te encontró.
¿Lo seguirás?
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Cristo Jesús vino al mundo a buscar y a salvar lo que se había perdido.
Relatos de Vida <>< M.E.M.
En un verano muy caluroso fuimos a un parque acuático cerca de nuestra ciudad.
Mientras esperábamos en la fila para ingresar, podíamos observar la principal atracción del parque: tres toboganes acuáticos de distintos colores. Los bañistas ascendían por una escalera hasta la plataforma de lanzamiento, ubicada a unos quince metros de altura. Con la ayuda del agua y de la fuerza de la gravedad, grandes y chicos se deslizaban velozmente por los conductos enredados como espaguetis hasta salir como escupida y terminar en un sonoro chapuzón en la piscina principal.
Después de encontrar una sombrilla disponible y ubicarnos, mis hijos quisieron ir a tirarse por los toboganes. Como sería la primera vez, mi esposa me insistió que los acompañara. Así fue que los seguí y juntos subimos la escalera que nos conducía hasta la plataforma de lanzamiento.
En la base de la escalera había unos carteles que sinceramente no me tomé el tiempo de leer. ¡Qué tan complicado podía ser tirarse por un tobogán! Eso sí, mientras subía por la escalera observé que de los tres toboganes, el más veloz era el rojo, el amarillo era un intermedio y el verde era el más tranquilo. Me pareció super sensato comenzar tirándonos por el verde.
Mis tres hijos se tiraron primero y yo no iba a ser el cobarde que había subido para acompañar y después bajaría por la escalera, así que me encaramé en el tobogán verde y los seguí. El rápido zig-zag me mareó un poco al principio pero después me acostumbré. ¡Era muy divertido! Cerca del final, noté que mi envión se reducía, cosa que me preocupó porque yo esperaba el vuelo y el chapuzón final. Faltando todavía unos dos metros, mi envión se terminó por completo y quedé inmóvil como si hubiera tirado del freno de mano. Una nenita que se había lanzado detrás mío me alcanzó y me empujó pero apenas si logró moverme. Entonces, ayudándome con mis asentaderas y mis talones empecé a avanzar como una oruga sintiendo que la estructura del tobogán crujía y se zangoloteaba. Por fin conseguí llegar hasta el borde y me dejé caer al agua.
El ruido que hizo el chapuzón de mi metro ochenta y cinco de altura y noventa kilos de peso ahogó el de los silbatazos desesperados de un guardavidas, que agitaba sus brazos y me señalaba. Cuando me acerqué al borde de la piscina observé que el tipo me esperaba con cara de vinagreta. Me retó como a un chico diciéndome que no me volviera a tirar por ese tobogán. Avergonzado salí del agua sintiendo varias docenas de ojos clavados en mi nuca. Estaba a punto de quejarme por lo mal diseñado de ese tobogán cuando uno de mis hijos se me acercó y en voz baja me dijo:
- Pa, te tiraste por el tobogán de los niños. Vos te tenés que tirar por el amarillo o el rojo... ¿No leíste los carteles?
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Relatos de Vida <>< M.E.M.
“LA PAPA CALIENTE” “Si a alguien algo le salió mal y aún así sonríe, es porque ya sabe a quién echarle la culpa” Escuché este comentario var...